Annie Ernaux y el eco de su ‘Acontecimiento’

Annie Ernaux

Annie Ernaux y el eco de su ‘Acontecimiento’

“Es posible que un relato como éste provoque irritación o repulsión”

 

La consciencia es un arma de doble filo que a veces tapa la realidad con una cortina de inconsciencia ficticia, como una fortaleza o un escudo que con el que protegerse de una realidad esquivada. Annie Ernaux lo sabía. A los 23 años lo sabía. Lo sabía cada noche de aquél mes de octubre de 1963 cuando antes de acostarse en su cama de la residencia universitaria de Rue d’Herbouville miraba su ropa interior en búsqueda de una mancha de sangre que no aparecía. Lo sabía cada mañana al despertarse, de camino al baño desesperanzada, al sentarse en la taza del WC y comprobar con temor lo que ella ya esperaba. Lo sabía mientras veía una obra de teatro o mientras escuchaba música. También cuando visitó a sus padres por el puente de Todos los Santos, fue complaciente con ellos, actuando bajo parámetros caracterológicos de una normalidad fingida. 

Lo sabía a cada minuto y a cada segundo, pero, guiada por la pequeña creencia que suele reinar para batallar contra los dictados que no gustan de la intuición, decidió confirmarlo tras mentirle sobre su destino a un conocido de camino a la clínica de la Rue La Fayette, para que fuera el doctor N. el responsable de confirmárselo. Hasta el momento en el que él le sonrió, quiso ignorar con una careta la noticia.

“Estoy embarazada. Es horrible”, escribió en su agenda tras la consulta de ese día. Y de repente su historia de encuentros íntimos con P. -”la habitación de la Rue Pasteur, la cama estrecha, la terraza de Montaigne, el cine en el que vimos una película de romanos”- no volvió a ser la misma y tomó un solo significado.

el acontecimiento annie ernaux
El acontecimiento – Annie Ernaux (Tusquets Editories)

Nada lograba despejar a Annie de su Acontecimiento. Porque le había pasado a ella (¿por qué le había pasado a ella?), a una chica intelectual que escribía y leía y que sacaba buenas notas. Tenía que ser por su condición social: hija de padre alcohólico y madre separada. Se agarraba con fuerza a la situación de su seno familiar y a las humillaciones que sufrió en el colegio en su pasado para encontrar las razones por las que sabía lo intuyó en la primera semana de retraso de la menstruación (“pasaba de la incredulidad de que aquello estuviera pasándome a mí, a la certeza de que era algo que tenía que pasarme a la fuerza”). Echar balones fuera, eso es lo que quería. Literal. Consolarse al verse reflejada en otras historias en las que chicas de alto bagaje cultural habían pasado por la misma situación. Saber que no era la única. Derribar prejuicios.

Oprimió de su vocabulario cualquier derivación de los términos “embarazo” y “aborto”, pues quería que fueran tan solo dos conceptos pasajeros y así parecía no estar viviéndolo. 

Sumergida en un pensamiento que no hacía más que invadir su mente, pero convencida de su decisión, echó la vista atrás para batallar el presente y recordó técnicas caseras que había leído para realizarse ella misma la intervención: “Estoy desesperada. Necesito que esta cosa se vaya”. Incertidumbre y angustia. Ansiedad y ninguna forma de consuelo. Tampoco la quería, solo buscaba deshacerse de ello.

Ya no era un ser intelectual

ANNIE ERNAUX

A Ernaux le invadió la vergüenza. Tanto que bañó sus relatos sutiles ideas que divagaban en torno a la idea, pero a ningún doctor fue capaz de decirle su decisión de no continuar, sí quiso, en cambio, trasladarlo a las páginas de su diario sin perder detalle: “El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello”. Así escribe siempre ese ser literario que afirmó vivir las cosas como si algún día fueran a escribirse. Y lo hizo.

Annie Ernaux
Annie Ernaux, Retrato

Annie Ernaux recorre al detalle todas sus emociones. Cuenta cómo el ejercicio físico comenzó a ser una obsesión, pues tan solo quería que alguno de sus esfuerzos terminaran con una caída o un brusco movimiento que le librara del embrión.

Es como si todavía estuviera ahí

En El acontecimiento’ (Tuquets Editores) relata esta historia en una magnífica narrativa en la que frases cortas y concisas actúan de catarsis, pero también de ayuda. Annie trata esta vez la pasión desde un prisma que recordará en posteriores novelas y, consciente de las limitaciones de la época en la que escribió este relato -los años 60-, cuenta incluso episodios de sufrimiento que sobrecogen al lector. Capítulos íntimos de un contexto en el que la sociedad le daba la espalda escritos en una primera persona que contagia, como un virus, pero de palabras.