El hombre prehistórico es también una mujer

el hombre prehistorico tambien es una mujer

En su ensayo El hombre prehistórico es también una mujerMarylene Patou-Mathis analiza las ideas en las que se basaron los científicos del siglo XIX para asumir que el patriarcado era algo “natural” en nuestra historia.

En 1880 se encontró en el yacimiento arqueológico de Birka un esqueleto enterrado con armas. Rápidamente se asumió que se trataba de un hombre, porque era impensable que las mujeres hubiéramos sido guerreras en algún momento de nuestro pasado; sin embargo, en 2014 y gracias al avance en las pruebas de ADN, se descubrió que dicho esqueleto pertenecía a una mujer.

Esta anécdota es muy significativa de lo que ha ocurrido con la arqueología desde que surgió como ciencia en el siglo XIX: a falta de pruebas científicas concluyentes, los esqueletos, pinturas y restos pertenecientes a la prehistoria se interpretaron según el sesgo social de la época, que era machista y estaba muy influido por los inicios del capitalismo y la necesidad de controlar la reproducción de las mujer.

“Las representaciones de la familia prehistórica imitan el modelo ideal de la familia occidental del siglo XIX: nuclear, monógama y patriarcal”

 El hombre prehistórico es también una mujer (Lumen, 2021)

Esto ha llevado a que hayamos crecido con la idea de que las mujeres en la prehistoria solo parían hijos, mientras los hombres cazaban, guerreaban, construían o creaban. Sin embargo, un estudio no androcéntrico de la prehistoria, nos muestra un escenario muy diferente: una sociedad igualitaria y, en general, pacífica y colaborativa.

Lo cierto es que ni las mujeres estaban tan limitadas por los partos como se suelen creer — controlaban su descendencia alargando la lactancia hasta los 6 años— ni los hombres cazadores eran tan importantes, ya que los primeros humanos eran carroñeros y recolectores. Además, morían a una edad relativamente avanzada, sin señales de violencia, cuidaban de los enfermos y de las personas con alguna discapacidad, lo que demuestra que eran pacíficos y se ayudaban los unos a los otros.

¿Por qué las mujeres prehistóricas no podrían haber sido pintoras, grabadoras o escultoras, como sucedió y sigue sucediendo en muchas sociedades tradicionales?”. El hombre prehistórico es también una mujer (Lumen, 2021)

En estas sociedades paleolíticas, el hecho de procrear y criar a los hijos en sus primeros años otorgaba a las mujeres una función primordial en la supervivencia del clan y, ya que era imposible saber con certeza la paternidad del recién nacido, la filiación matrilineal parece la más probable. Para Marylene Patou-Mathis, está demostrado que las mujeres participaban en gran número de actividades y tenían un rol económico real, así como un estatus equivalente al de los hombres, incluso tal vez más elevado en el ámbito doméstico y simbólico, en vista del lugar destacado que ocupan las representaciones femeninas en el arte paleolítico.

el hombre prehistorico es una mujer

Una muestra de este arte son las numerosas estatuillas y pinturas con figuras femeninas encontradas, y que algunos investigadores han querido ver como figuras eróticas hechas por hombres para su disfrute. Sin embargo, otra hipótesis defiende que estas representaciones demuestran la existencia de cultos dirigidos a la veneración de la Tierra, de la fertilidad y la fecundidad a través de la imagen sacralizada de la mujer. Por otra parte, asumir que estas pinturas eran realizadas exclusivamente por hombres no se basa en ninguna prueba científica y, de hecho, si se acepta que las manos dibujadas junto a las pinturas funcionaban como una especie de firma, como defienden muchos investigadores, por su tamaño, podrían pertenecer a mujeres.

En realidad, no es hasta el Neolítico cuando surgen los primeros signos de dominación de la mujer, por la aparición de la propiedad privada y la necesidad de establecer la paternidad de los hijos. Por tanto, el patriarcado no sería algo natural, sino una imposición de los hombres para controlar el cuerpo de las mujeres.

Esto se logró, en gran parte, por la fuerza, pero también a través de las ideas religiosas: si hasta entonces, los mitos fundacionales daban a la mujer un papel predominante en la creación, a partir de ese momento, tanto las religiones politeístas como monoteístas se esforzaron por justificar la posición inferior de las mujeres; una muestra de ello es la Eva judeo-cristiana, nacida de la costilla de Adán y, por tanto, subordinada a él.

Solo los varones son seres humanos completos. Creados directamente por los dioses, están dotados de un alma. Siendo la mujer el resultado de una degeneración física del ser humano”. Platón.

Durante la Edad Media, se habían conseguido avances sociales y las mujeres ejercían algunos oficios y contaban con independencia económica, sin embargo, con la llegada del capitalismo y de las cazas de brujas, las mujeres volvieron a ser relegadas al ámbito doméstico, la procreación y el cuidado de los hijos.

Es en ese contexto, cuando se empieza a estudiar la prehistoria en términos patriarcales y a invisibilizar a las mujeres atribuyéndoles determinadas tareas, agrupadas bajo la denominación de actividades de «mantenimiento» o «asistencia» y subestimando su valor en la economía o en la supervivencia del clan, al mismo tiempo que se revalorizan otras actividades, supuestamente realizadas por hombres, como la caza o la construcción de herramientas.

En la actualidad, se ha demostrado que muchas de estas ideas heredadas no cuentan con ninguna base científica y para Marylene Patou-Mathis, así como para otras antropólogas e investigadoras con perspectiva de género, ya es hora de aceptar socialmente que las mujeres no somos inferiores ni estamos subordinadas por «naturaleza» a los hombres, como nos han hecho creer durante tanto tiempo; es hora de sustituir el patriarcado por otro sistema que debemos construir juntos y que se base en la igualdad y la cooperación.