Marta Aponte sobre Raquel Hoheb: «Era una mujer libre, París era suyo»

marta aponte Marta Aponte

Raquel Hoheb ha pasado a la historia por ser la madre del médico y poeta William Carlos Williams, autor de Paterson, pero fue mucho más que eso: estudiante en París con grandes maestros como Jean-Jacques Henner y CarolusDuran, Raquel Hoheb se nos presenta como una de las artistas puertorriqueñas más importantes del siglo XIX.

En La muerte feliz de William Carlos Williams (Candaya, 2022), Marta Aponte Alsina se propone recuperar su enigmática figura, al mismo tiempo que repasa la historia migrante de Puerto Rico y nos acerca a su propia familia, muy diferente a la de William Carlos en recursos económicos e influencia cultural, pero no por ello menos merecedora de un lugar en la historia. Hablamos con la autora sobre todo ello durante su viaje a España.

La muerte feliz de william carlos williams
La muerte feliz de William Carlos Williams

En el libro nos muestras el lado más humano de William Carlos, pero sobre todo nos hablas de su madre, Raquel Helena Hoheb. ¿Por qué te has interesado por ella?

Es una mujer puertorriqueña, ella nació en Puerto Rico en la primera mitad del siglo XIX, es decir, que es parte de nuestra herencia cultural como pueblo. Se sabe muy poco de ella en Puerto Rico, la información que tenemos es la que el hijo recoge en un libro que le dedica a los dichos de ella, a sus conversaciones, a las notas que él tomaba mientras ella, que ya estaba en cama y anciana, hablaba con él. De manera que es un libro de recuerdos de una señora que ya tenía muchos años y habla de momentos de su infancia en Mayagüez, de sus padres, recuerda algo de su experiencia en Francia y de su vida en Rutherford, todo lo mezcla, es como cuando uno habla sin pensar en publicar nada. Él lo que hace es juntarlo y prácticamente lo publica poco después sin retocarlo mucho, es casi un fluir de conciencia, algo que se daba mucho en la escritura de los modernistas y de las vanguardias, el mismo James Joyce en el Ulises, el diálogo que hay de voz, sin acotaciones, sin cuadrarlo, un poco eso hizo William Carlos con las palabras de su madre.

¿Y este libro fue el que te dio pie a querer escribir La muerte feliz de William Carlos Williams?

Claro, en buena medida, la curiosidad por esa región de Puerto Rico, donde nacieron tantas personas con un sentido patriótico de la isla y de la cultura y un deseo de independencia, como el doctor Betances o Segundo Ruiz Belvís, que no se conocen aquí, pero fueron importantes en las guerras de independencia del Caribe. Porque es una ciudad interesante como tal, con una vida económica y cultural activa, podría haber sido toda una novela sobre la vida social de la época en esa isla caribeña, pero también es una novela de la migración, sobre la experiencia de la migración en el cuerpo de la persona que migra, también por el movimiento de ella (Raquel Hoheb), de lo que fue su vida, de viajera, de migrante.

De hecho, Raquel vivió en París en la época de la Exposición Universal, fue alumna de grandes maestros, paseó por los boulevares y quedó fascinada por el arte, la literatura y la moda francesa. ¿Qué crees que supuso para ella volver y dejar esa vida para ser esposa y madre?

Pues supongo que siempre lo recordó con una gran nostalgia, pero también que se vanagloriaba de haber tenido esa experiencia y esa formación en un pueblo pequeño de Nueva Inglaterra, que a pesar de ser cercano a Estados Unidos, era un pueblo de comerciantes, de profesionales emigrantes, un pueblo pequeño. De modo que ella era la más cosmopolita quizá, una de las residentes con más experiencia de mundo y además por su cultura, por toda su formación, eso le daba, por lo menos a sus ojos, cierto prestigio. Me imagino que algunos de los nuevos americanos quizá no le prestaban atención, pero ella siempre valoró mucho esa experiencia europea.

Y es verdad que pudo ser una de las grandes pintoras puertorriqueñas del siglo XIX, pero es muy difícil encontrar su obra. ¿A qué crees que se debe?

Yo la ubico en el campo de la pintura puertorriqueña hecha por mujeres, porque es la que mejor conozco, sobre todo, a mujeres que daban clases de pintura, porque la pintura era como parte del currículum de la época, se daban clases de dibujo y pintura. Pero no tan destacadas como Raquel, por las pocas obras que he visto de ella, que son las obras que todavía tiene la familia el retrato de la sobrina, que creo que se ha reproducido aquí y hay un retrato de un sobrino que tiene la parte de la familia que se asentó en Ecuador, creo que en Guayaquil, un retrato del hijo del hermano. Por la calidad de esa pintura académica, lo que he visto de otras obras de la época en Puerto Rico e incluso en el Caribe, lo que conozco de haber visto algún museo de arte nacional cubano y estamos hablando de pintores formados en las islas, residentes, no de visitantes, que hubo muchos también y muy importantes, pues yo diría que sí que ella tenía el talento y la formación que pocas personas tenían y más una mujer.

 La llamaban su alteza real, Royal Highness, siguiendo las iniciales de su nombre Raquel Hoheb, así que se podría imaginar un rintintín entre broma y al mismo tiempo el reconocimiento del carácter un tanto arrogante de la señora.

Marta Aponte Alsina

Muestras una relación materno-filial compleja. Por una parte, Raquel parece resentida con los hijos, y por otra, William Carlos parece que a veces teme a su madre, pero también que la idolatra en una especie de enamoramiento. También siente culpa al final por meterla en una residencia. ¿Qué crees que pesó más en su relación?

Es imposible saberlo, fue una relación tan larga, porque ella duró tanto. Él nació creo que en 1882 y murió en el 49, de modo que fue una compañera de vida. Después de enviudar, vivió con la familia de él y fue una relación cotidiana. La vieja era parte de la familia, de los nietos, de todo, pero la llamaban su alteza real, Royal Highness, siguiendo las iniciales de su nombre Raquel Hoheb, así que se podría imaginar un rintintín entre broma y al mismo tiempo el reconocimiento del carácter un tanto arrogante de la señora.

Cuando Raquel vuelve a París y se decepciona mucho con lo que encuentra. ¿Crees que idealizamos las experiencias de nuestra juventud?

Estamos hablando del París que ella vivió siendo estudiante, a pesar de la dureza, la experiencia de ser estudiante de grandes maestros, estar en ese ambiente juvenil, en una ciudad que acababa de tener un momento revolucionario importante como la Comuna de París. Y a pesar de todas las frustraciones, en la juventud todo es siempre más hermoso que años después, eso no cabe duda, y hay una llamada a la aventura y al amor, que quizá luego no existe. Digamos que el París de fin de siglo no era tan interesante por diversas razones, después de la guerra franco-prusiana. Una sociedad más conservadora, tal vez, que la de su época. Y es también la queja de los viejos con el cambio, todo pasado era superior, era mejor, todo lo que se hacia, las revoluciones eran superiores, todo lo que comíamos, decíamos, vestíamos, todo lo demás es aburguesado o es excesivamente decadente, por eso, me parece que si es como una idealización de la juventud. Cuando ella además, a pesar de las penurias y del maltrato de los primos, era una mujer libre, París era suyo, era estudiante, tuvo una entrada en la academia y después tiene que irse a Rutherford, a bregar allá con esa familia, con la suegra, con los primos, los hermanastros del marido, mientras el marido viaja, encerrada en ese pueblo, que no tiene la belleza de la gran capital y yo supongo que es por eso.

Además, Raquel parece ser una especie de médium. ¿El espiritismo tenía mucha influencia en la época o en esta familia en concreto?

Sí, en esa familia en concreto y en muchas familias. En Estados Unidos estuvo muy difundido el espiritismo, en el país pragmático, el país industrializado, el país de la modernidad, ellos lo veían como una ciencia, era parte de la revolución científica en la biología, en la arqueología humana y la evolución de las especies. También se aplicaban métodos científicos al estudio del aura, de las relaciones extracorporales. De manera que lo que ahora nos parece como totalmente incongruente, la ciencia junto a estas creencias marginales, entonces se estaban buscando las confluencias. Por ejemplo, el estudio del magnetismo, del hipnotismo, la fotografía misma, hay todo un género de la fotografía que es la fotografía de los espíritus. Lo curioso es que el estudio y la práctica del espiritismo no era antagónicos al hecho de que se trataba de una época tan predominante de las ciencias naturales.

¿Por qué La muerte feliz de William Carlos Williams? ¿A qué hace referencia esa “muerte feliz”?

El misterio del título quizá tenga que ver con la expresión de cierta paz del cadáver, que él ve, lo compara con una princesa egipcia y lo asocia con una muerte tranquila, una transición en ese sentido feliz, que no fue angustiosa. Y por lo tanto, es como una muerte para él, porque él es el que la recibe. Nosotros somos los que recibimos la muerte de los padres, nosotros no sabremos lo que es morir hasta que nos pasé y entonces no vamos a poder comunicárselo a nadie y quizá ni nos demos cuenta. Por eso, esa muerte feliz la recibe el que la hereda, el que la ve, el que la presencia, en este caso el hijo y el otro señor que estaba ahí.

En un momento del libro, hablas de tu propia familia, de tu abuela, de tu madre. ¿Cómo lo conectas con la historia de William Carlos?

¿Cómo se hace una novela? Las novelas se pueden hacer, o borrando totalmente la figura del autor o la autora, como intentó hacer Flaubert en su novela naturalista, Bovary soy yo y ahí se acabó, lo que tengo que decir sobre Madame Bovay es Madame Bovary. O puedes hacer novelas como la que hice que está hecha con materiales secundarios, de archivo, las investigaciones, los estudios, y que van creando como una especie de realidad alterna sobre la vida de una familia o una relación entre un hijo y una madre. Hacia tiempo que quería escribir sobre mi abuela, esa mujer que uno se pregunta si una mujer así puede haber sido feliz, una mujer que era pobre y muy explotada por su familia, tuvo once hijos. Y quise rendirle homenaje a ella y darle un espacio en una novela que es mía, que yo estoy escribiendo sobre otra mujer, que también fue madre, no de tantos hijos, pero que fue predominantemente madre, que se le redujo a ese papel. Entonces dije el contraste que puedo poner yo es la historia de mi familia y de una mujer que fue todo lo que no era Raquel: era una mujer de campo, una mujer fina, pero rústica a la vez; era una mujer fina porque era delicada de trato. La gente puede no tener instrucción o puede ser de familia humilde y puede haber parido once hijos y puede ser una campesina, pero ser fina de trato, tan fina como Raquel. Y quise ponerla a ella y también contrastar con la vida de su familia y el poeta, porque el poeta estuvo expuesto a la gran cultura del siglo XX de los vanguardistas y viajó como James Joyce. Yo me pregunto, el día que mi abuela soñó con que su hija emigraba pobre hacia Nueva York, se iban a trabajar allá, qué estaría haciendo James Joyce, qué estaría haciendo William Carlos, qué actividad para la cultura occidental estarían realizando. Esa cultura, nosotros tendemos a pensar que todas las efemérides y las fechas importantes son cuando ocurren grandes acontecimiento de la gente que se ha distinguido en las artes, en las letras, en la economía, en la cultura, pues no, en la novela, tengo derecho a situar a mi familia, porque yo la escribí, es mía. Al principio, cuando la gente leía esto, me preguntaban así como me estás preguntando tú ahora, y hubo un amigo que me dijo: «tú escribiste toda esa novela para hablar sobre tu abuela». Él lo ve al revés, fíjate. Pero ahí quedará, y en la novela estará mi abuela Fermina.

 

Por |Alicia Medina