Zelda Fitzgerald: luces y sombras detrás del mito.

Zelda Fitzgerald Zelda Fitzgerald

 

Zelda Fitzgerald: luces y sombras detrás del mito.

Zelda Fitzgerald se presenta en nuestra mente como una figura mitológica: la primera flapper, musa, bohemia, una mujer moderna y libre, aquejada de problemas de salud mental, artista, mala esposa, bailarina y madre negligente. Pero ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad en estas ideas? En su trabajo biográfico, Nancy Milford se propuso desentrañar la verdadera personalidad de Zelda investigando sobre su vida; leyendo su obra, diarios y cartas a Scott, y entrevistando a personas que conocieron al matrimonio.

La editorial Bamba, en su interés por hacer justicia a mujeres pioneras que fueron maltratadas por la historia, publica la biografía de una mujer fascinante repleta de luces y sombras. Tal y como asegura Raquel Bada, editora de Bamba y traductora del libro:

 La primera It Girl, el origen de las Flapper, La niña perdida de Montgomery, La esposa loca de Scott, la Musa de Fitzgerald,,. Si no fuera por Nancy Milford, poco más que cuatro clichés nos hubieran llegado de Zelda Sayre. Ocho años, no se cuantos kilómetros, y decenas de testimonios para elaborar este Finalista al Premio Pulitzer que fue su primer libro. Desde entonces, no hay artículo sobre el matrimonio que no lo mencione. Es una biografía necesaria.

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Zelda: Luces y Sombras de Zelda Fitzgerald, Bamba Editorial 2022

 

Zelda Sayre, hija del sur profundo

Zelda, Sayre de soltera, nace en Montgomery (Alabama) y crece en un entorno privilegiado. Siendo la sexta hija, siempre demostró una personalidad rebelde e intrépida que era consentida por una madre permisiva, a pesar del carácter estricto de su padre, un juez prominente en la zona.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Montgomery se llenó de soldados y aviadores, lo que permitió el encuentro entre Zelda y Scott Fitzgerald en 1918, cuando este era teniente de infantería. Por aquel entonces, Zelda disfrutaba de glamour y popularidad en su pequeña comunidad, pero Scott representaba el acceso a un mundo más grande, desconocido y fuera de su alcance.

La pareja pronto se prometió, pero antes de casarse, Scott planeaba labrarse una carrera como escritor en Nueva York. Mientras esto ocurría, Zelda no le esperaba en casa como una buena chica sureña: seguía saliendo a fiestas y mantenía citas con hombres. Esto se le ha reprochado, aunque no se ha criticado que Scott en ese tiempo tuviera otras amantes, algo que ella respetaba.

Zelda también ha sido tachada de interesada y de no haber querido casarse con Scott hasta que demostró ser una fuente de ingresos. Pero resulta una acusación injusta, pues las cartas que Zelda enviaba a su prometido, y que son citadas por Milford en la biografía, demostraban que, más que el dinero, lo que preocupaba a la joven era que el fracaso de Scott descansara sobre sus hombros si ella se convertía en un impedimento para su éxito.

Zelda y Scott Fitzgerald
Zelda y Scott Fitzgerald

Zelda y Scott Fitzgerald: influencers de los años 20

La sociedad neoyorkina recibió a los Fitzgerald como estrellas de cine: guapos, jóvenes y talentosos; generaron todo un culto en torno a su figura.

Si sus fiestas eran sonadas, tampoco pasaba desapercibida la forma poco común de comportarse de Zelda: no era una esposa típica de la época, no se preocupaba del funcionamiento de la casa o de hacer la colada; durante su embarazo continuaba con su ajetreada vida social y lucía ropa ajustada, y una vez que nació su hija se despreocupó de ella y la dejó a cargo de una niñera; más adelante, abortó de forma voluntaria cuando supo de su segundo embarazo. Con 21 años, Zelda pretende erradicar la idea de que las mujeres deben resignarse a la vida doméstica y defiende que sean libres de experimentar su juventud para estar satisfechas de adultas.

Zelda Fitzgerald: escritora olvidada

Zelda escribía relatos que mostraban a chicas aventureras, elegantes e inquietas, egoístas y aburridas, que resultaban ambiciosas y deseaban sobresalir pero no sabían cómo. También redactaba críticas y artículos, aunque mucho de este material acabaría siendo publicado bajo la firma de su marido con la escusa de que así generaban más interés.

Pero Scott Fitzgerald no solo se apropió de muchos de los textos de su mujer: sentía que se había casado con la musa de sus relatos y novelas, y que la vida de Zelda se había convertido en una fuente de inspiración de la que podía beneficiarse, por lo que utilizó en sus obras momentos de su intimidad, así como extractos de sus diarios y cartas.

Zelda era consciente de ello, y así lo demostró en declaraciones, aunque nunca se mostró abiertamente molesta con esta apropiación por parte de Scott. En realidad, admiraba profundamente a su marido y creía que, por mucho esfuerzo y horas que dedicase a su escritura, su obra nunca estaría a la altura. Hoy diríamos que Zelda padecía el síndrome de la impostora.

Sin embargo, Scott sí se mostró molesto cuando Zelda escribió su libro, Resérvame el vals, al considerar que su esposa había invadido lo que para él era su terreno y al no ver correcto que se hubiera basado en su vida en común, sin importar todas las veces que él había hecho lo mismo. Finalmente, Scott manejó el contrato del libro de Zelda, se quedo con parte del dinero, hizo que se publicasen pocos ejemplares, sin revisión por parte de un editor, pero con algunas modificaciones que le dejaban en mejor lugar. En su texto, Milford otorga a la obra de Zelda el mérito que no fue reconocido durante su vida.

Zelda Fitzgerald y la enfermedad mental

El 23 de abril de 1930, Zelda ingresó en un hospital. Se encontraba en un estado de extrema ansiedad, escuchaba voces y sufría pesadillas. Fue diagnosticada de esquizofrenia.

Este diagnóstico resulta problemático, para empezar porque en la época la esquizofrenia era un cajón de sastre donde se incluían muchos trastornos sin tener en cuenta su origen. Que Zelda pudiera experimentar problemas de salud mental resulta probable, pero la biografía de Milford nos proporciona información suficiente para ver su enfermedad desde una nueva perspectiva y entender que Zelda pudo ser una mujer apartada en un psiquiátrico por tratar de ser independiente, de bailar y de escribir. El origen de la enfermedad de Zelda pudo ser el machismo, la incomprensión y los desprecios de un marido alcohólico y controlador.

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Zelda: Luces y sombras de Zelda Fitzgerald, ilustrado por Natalia Bosques

Un libro ilustrado por Natalia Bosques

Parte del atractivo del libro, más allá de la historia que cuenta de una mujer fascinante, además del prólogo de la autora y periodista Marta Fernández, su presentación.  Una de las responsables es la ilustradora Natalia Bosques, encargada de transmitir en con una sola imagen la esencia del libro. Y vaya si lo consigue.

En la imagen de la cubierta se muestra a una Zelda con la mirada ausente, lleva una copa en la mano, presumiblemente se encuentra en una de sus fastuosas fiestas, pero parece sentirse sola y ajena a la frivolidad que la rodea; es como si, por una instante, su máscara haya caído y solo nosotras, lectoras del futuro, podamos ver su verdadero rostro: el de una mujer que ansía

 

Por |Alicia Medina