Sara Jaramillo: «La ausencia es ausencia. Todas duelen igual»

Sara Jaramillo Sara Jaramillo

Sara Jaramillo: «La ausencia es ausencia, venga de donde venga. Todas duelen igual»

 

En sus novelas, Sara Jaramillo nos habla de esas ausencias que nos marcan y nos acompañan de por vida: En Cómo maté a mi padre (Lumen), la autora cuenta el asesinato real de su progenitor cuando ella tan solo tenía once años y lo que supuso para su familia afrontar este hecho violento; mientras que en Donde canta las ballenas (Lumen) continúa profundizando en el tema de la ausencia paterna, pero en esta ocasión, a partir de un abandono voluntario. Saber qué tipo de ausencia podía ser más dura era una obsesión para la autora hasta que comprendió que el dolor siempre es el mismo.

Lo que más me impresionó en mi primera charla con Sara Jaramillo durante un club de lectura de su novela Cómo maté a mi padre— fue comprender que lo que para nosotros resulta aterrador y extraordinario, el asesinato de un padre o la violencia en la calle, en un contexto como el de Colombia de los años 80 fue algo que llegó a normalizarse, ya que lo difícil era encontrar a una persona que no hubiera vivido esa violencia y sus consecuencias de cerca. De hecho, Jaramillo contaba que se había decidido a escribir el asesinato de su padre cuando vio la reacción que provocaba en sus compañeros en la Escuela de Escritores en Madrid; en Colombia nunca habría pensando que su historia pudiera ser interesante para nadie, aunque al publicarla allí, también comprobó que muchas personas se sentían identificadas con lo que contaba.

En mi segunda conversación con ella, esta vez para #CasaDeBamba, profundizamos en lo que quería contar con sus dos libros, lo que significó para ella publicarlos y los simbolismos y referencias que aparecen en ellos.

Cuando tenía once años, un sicario mató a mi padre. Yo era una niña que no imaginaba que algo así pudiera pasar. Pero pasó. Todavía me cuesta creer que apenas treinta y cinco gramos de acero y un gramo de pólvora hayan podido acabar con una familia.

Cómo maté a mi padre, SARA JARAMILLO

Escribiste Cómo maté a mi padre y Donde cantan las ballenas de forma paralela. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Alguno de los dos libros te costó más?

La escritura de ambas novelas me agarró en un momento muy particular en mi vida. Me había tomado un par de años sabáticos en España para estudiar y escribir, por lo tanto, estaba sola, lejos de Colombia y con un montón de tiempo disponible. Toda la soledad, el frío y el silencio los llené con la escritura, estuve dos años prácticamente encerrada tecleando. La letra A de mi computador se borró por completo un par de veces. Estaba ante dos proyectos muy diferentes y, sin embargo, muy similares. Cuando me cansaba de uno pasaba al otro y así fui alternándolos. Cómo maté a mi padre fue particularmente difícil de escribir debido a la carga emocional que me suponía remover una historia personal que me incomodaba y me dolía tanto.

En Cómo maté a mi padre contabas la historia real de tu familia y cómo os enfrentasteis al asesinato de tu padre. En Donde cantan las ballenas, sin embargo, narras una historia ficticia, pero es inevitable ver ciertos paralelismos, como esa casa en medio de la naturaleza, el hecho de crecer sin la figura paterna o las adicciones del hermano. ¿Se influyeron ambas obras de alguna forma?

Se influyeron mucho y creo que tuvo que ver con el hecho de haberlas escrito en simultáneo. Estaba absolutamente obsesionada con el tema de la ausencia paterna y quería agotarlo, abordarlo desde todas las vertientes posibles. No en vano se dice que los escritores solemos darle vueltas a los mismos temas. El reto, entonces, es encontrar nuevas formas de narrarlos.

¿Qué crees que es más duro, la muerte de un padre o su ausencia debido al abandono?

Esa, de hecho, fue la pregunta fundamental que estimuló la escritura de Donde cantan las ballenas. En el colegio tenía un par de buenas amigas también con padres ausentes. El de una de ellas era alcohólico y el otro, abrumado por la carga de sostener una familia, decidió abandonarla. En ese entonces, recuerdo que nosotras tres en los recreos hablábamos acerca de cuál de las tres ausencias era peor. Me pasé toda la adolescencia pensando en eso. Tuve que escribir Donde cantan las ballenas para corroborar que la ausencia es ausencia, venga de donde venga. Todas duelen igual. No obstante, tengo que decir que el abandono voluntario de un padre, además de doler, tiene una carga adicional. Me parece un acto de irresponsabilidad y cobardía imperdonable y, sin embargo, fíjate que es bastante común, hoy en día en Latinoamérica, hasta el punto de estar normalizado.

La mamá de Cómo maté a mi padre y Teresa, la madre de Donde cantan las ballenas, se parecen en su amor por las plantas y en su don para hacerlas crecer, pero las dos enfrentan su dolor de diferente forma: la mamá, aunque tiene momentos en los que sucumbe a la depresión, sigue adelante por su familia; mientras que Teresa parece perder la cordura con el abandono del marido y es su hija la que debe cuidar de ella. ¿Nos puedes contar por qué esa diferencia?

En un principio el personaje de Teresa estaba inspirado en mi madre, pero conforme escribía, me di cuenta de que si quería hacer una novela iniciática no podía tener a una madre tan valiente y aguerrida como la mía. La necesitaba débil y apocada para que el personaje de Candelaria tomara por sí misma las riendas de su destino y creciera. Quería un personaje que no se quedara esperando ser salvada ni se conformara con explicaciones vagas y fantasiosas. Un personaje capaz de tomar sus propias decisiones. Un padre ausente, una madre débil y un hermano adicto eran necesarios para obligar a Candelaria a todo ello.

Tengo que decir que el abandono voluntario de un padre, además de doler, tiene una carga adicional. Me parece un acto de irresponsabilidad y cobardía imperdonable y, sin embargo, fíjate que es bastante común, hoy en día en Latinoamérica, hasta el punto de estar normalizado.

SARA JARAMILLO

En Donde cantan las ballenas hablas de esa violencia que está muy presente en las familias, pero que no se ve, porque se asume como normal; como cuando se dice a un niño que «debe ser el hombre de la casa» o se anima a las niñas a estar más delgadas. ¿Crees que ahora nos damos más cuenta de estas violencias?

En efecto creo que hay más conciencia, pero siento que nos sigue faltando mucha. La familia es una institución sagrada la cual no puede criticarse ni lanzarle piedras. Sin duda en Latinoamérica es peor que en España. Lo anterior, lleva a cuestiones como las que planteas en la pregunta. En mi opinión, es hora de desacralizar la familia y huir sin miedo cuando el entorno es tóxico y no propicia el desarrollo de los individuos. Los lazos de sangre son importantes, pero la felicidad, el amor propio y la autorealización lo tiene que ser más.

¿Crees que tomar decisiones es lo que nos hace adultos? ¿Y dejar de creer en las fantasías que nos contaban nuestros padres?

Una de las frases que los lectores más subrayan en Donde cantan las ballenas dice: «Tomar decisiones es lo que nos hace adultos, pero arrepentirse de ellas es lo que nos hace humanos». Estoy absolutamente convencida de ello. Crecer no es dejar de equivocarse sino aprender a hacerlo con mayor dignidad. No creo tanto que se trate de dejar de creer las fantasías que nos hacían soñar de niños, se trata más bien de ponerlas en su justa dimensión. A veces es necesario recurrir a ellas para no enfermar de exceso de realidad y, por qué no, para proyectar los propios deseos. Quien quita que se hagan realidad.

Los huéspedes que van a parar a Parruca tienen mascotas poco convencionales: Gabi de Rochester va acompañada de una serpiente y el señor Santoro no se separa de su cuervo. Además, el hermano de la protagonista quiere ser un águila. ¿Tienen algún significado especial estos animales?

Crecí en un entorno rural rodeada de animales, con una familia que me enseñó a amarlos y respetarlos como seres sintientes. Su presencia ha sido completamente natural en mi vida, razón por la cual, no es raro que se cuelen en mis novelas, relatos y escritos en general. No concibo la vida sin ellos. En literatura los uso para reforzar la personalidad de los personajes. Ese fue el caso de la serpiente y el cuervo, cuya presencia complementa la forma de ser de Gabi y Santoro, respectivamente. El águila, por su parte, tenía una carga simbólica y chamánica que me interesaba mucho para darle una dimensión más profunda al personaje de Tobías.

Es hora de desacralizar la familia y huir sin miedo cuando el entorno es tóxico y no propicia el desarrollo de los individuos. Los lazos de sangre son importantes, pero la felicidad, el amor propio y la autorealización lo tiene que ser más. 

SARA JARAMILLO

En las dos novelas las plantas son un personaje más: crecen por todas partes y parecen apropiarse de las casas, como queriendo recuperar lo que antes era suyo; también reflejan las emociones de los protagonistas: exuberantes cuando hay alegría y amenazantes en momentos de tristeza. ¿Qué simbolizan para ti las plantas?

Crecí en un lugar en donde uno se come un mango, arroja la pepa y al otro día hay un árbol de mangos. Se cortan estacas para cercar el terreno y, días después, las ves todas llenas de brotes. A veces nacen espontáneamente arbustos en el tejado, sobre las piedras, entre las grietas y otros lugares insólitos. Nuestra casa vivía llena de plantas por dentro y por fuera. Al final se tomaron los corredores y no dejaban ni cerrar las ventanas, entonces nunca las cerrábamos. ¡Hasta creció un árbol de papayas dentro de la casa! todo eso lo usé en Donde cantan las ballenas. Un lugar sin plantas me parece tristísimo. Las plantas simbolizan el milagro de la vida. Nos ayudan a entender los ciclos. Gracias a ellas se asimilan conceptos como la paciencia y el paso del tiempo. No hay que olvidar que las plantas pueden vivir sin nosotros pero nosotros no podemos vivir sin ellas.

En la primera novela, matar al padre era una forma de afrontar su muerte a través del recuerdo. Sin embargo, en Donde cantan las ballenas, la protagonista mata al padre al dejar de recordarlo. ¿Crees que se puede olvidar a alguien que ha sido tan importante?

No sé si es posible olvidar a alguien importante por completo. Lo que sí es seguro, es que las ausencias prolongadas y definitivas terminan enfriando los lazos. Debe ser así, de lo contrario, asuntos tan humanos como la muerte o las rupturas se nos harían insuperables.

Crecer no es dejar de equivocarse sino aprender a hacerlo con mayor dignidad. 

SARA JARAMILLO

Hay un momento de Donde cantan las ballenas en el que se menciona que alguien llevó el hielo a lugares más remotos que Parruca, y no he podido evitar pensar en Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento recordando el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo. ¿Es Gabriel García Márquez una influencia para ti?

En Donde cantan las ballenas hay varios guiños literarios. Está por supuesto el que mencionas y también hay un fuerte homenaje a Poe. No es gratuito que la mascota de Santoro sea un cuervo y se llame Edgar. Hay más, pero me gusta que los lectores vayan descubriéndolos por sí mismos.

Por supuesto Gabo es una gran influencia. Colombia es país en donde pasan cosas tan absurdas que, a menudo, son tildadas de mágicas. Creo que el realismo mágico no es más que es una forma de ver y procesar nuestra realidad. Donde cantan las ballenas ha sido etiquetada con ese rótulo y a mí me da un poco de risa porque casi todo lo que narro allí ocurrió de verdad y los personajes están basados en personas que conozco. En todo caso es un género que me gusta mucho porque me ayuda a narrar mi entorno de manera muy peculiar.

Las plantas simbolizan el milagro de la vida. Nos ayudan a entender los ciclos. Gracias a ellas se asimilan conceptos como la paciencia y el paso del tiempo. No hay que olvidar que las plantas pueden vivir sin nosotros pero nosotros no podemos vivir sin ellas. SARA JARAMILLO

¿Ha cambiado tu vida de alguna forma escribir estas dos obras?

Muchísimo. Gracias a ellas hoy en día los asuntos literarios ocupan gran parte de mi tiempo. Siempre había soñado con enfocarme solo en eso pero, sinceramente, jamás lo creí posible. Las novelas me han abierto puertas a columnas de opinión, clases y charlas. Me han permitido regresar al periodismo desde otro enfoque diferente al noticioso que me tenía tan saturada. Otra vez tengo espacios en medios de comunicación en los que me doy el lujo de hablar solo de literatura u otros temas que me interesan. Por otro lado, me han dado el respaldo y credibilidad para poder avanzar con la siguiente novela.

Y una última pregunta. ¿Nos puedes contar algo de lo que estás escribiendo ahora?

Siempre me ha obsesionado la gente que vive al margen de la sociedad: ermitaños, anacoretas, monjes, fugitivos y personas, en general, que intentan habitar los bordes. Lo que estoy escribiendo es acerca de una pareja que, por diferentes razones, termina varada en un lugar idílico frente al mar. Es una historia inspirada en hechos reales sobre el choque de dos mundos, el domador domado, el buscador que termina encontrando lo que no se le ha perdido. Hay brujas, zahoríes, jaguares, hombres de dos caras. Y, sin embargo, nada es lo que parece.