Hanya Yanagihara: de ‘Tan poca vida’ ‘Al Paraíso’

Hanya Yanagihara Hanya Yanagihara

Ha tenido que ser una mujer, Hanya Yanagihara, la que ha realizado el retrato más profundo e íntimo sobre la masculinidad en la literatura actual. Lo hizo en Tan poca vida y lo ha vuelto a lograr en Al paraíso, donde además reescribe la historia estadounidense desde una visión queer, anticolonialista y antirracista.

En Tan poca vida (Lumen, 2021), un fenómeno literario internacional, la autora trató sin dobleces ni tapujos temas como la amistad masculina, los abusos sexuales en la infancia o las diversas formas de amar a través de las vidas de cuatro amigos en Nueva York: JB, el artista; Malcolm, arquitecto y rico; Willem, un famoso actor con apellido vikingo y Jude, de quien se nos muestra su terrible pasado y sus consecuencias en el presente.

Pero si algo destaca en el libro es la descripción del dolor, físico y mental; un dolor que podemos sentir en nuestro propio cuerpo. Para la autora esto era importante, porque existen múltiples formas de describir sentimientos como la alegría o el amor, pero el lenguaje es muy pobre para hablar del dolor, tal vez, porque es algo que nos esforzamos por esconder a los demás, aún más en el caso de los hombres, a los que se les niega la posibilidad y las herramientas para expresar sus emociones o mostrar su fragilidad.

Eran dos personas que permanecían juntas, día tras día, a quienes no las unía el sexo ni la atracción física ni el dinero ni los hijos ni una propiedad, solo el compromiso de seguir adelante y la dedicación mutua a una unión que nunca podría ser codificada

Tan poca vida, Hanya Yanagihara (Lumen)

Además, para Yanagihara, la enfermedad es un tema fascinante desde que, con diez años, fue testigo de una autopsia. Tal y como declaró en una entrevista en The Guardian: “La enfermedad me fascina, lo que el invasor puede hacerle al cuerpo anfitrión… Me encanta descubrir hasta qué punto un cuerpo es capaz de protegerse a sí mismo, a toda costa. Lo duro que lucha por sobrevivir“.

Tan poca vida es un libro que duele y una se pregunta cuando ha terminado si ha merecido la pena tanto sufrimiento: la respuesta es, sin duda, que sí, que no solo merece la pena, sino que leer esta historia de dolor, amistad y aceptación, que no superación, cambia algo dentro de ti.

También hay momentos de luz que hacen la novela más digerible, protagonizados por las personas que se convierten en tu familia elegida. En este sentido, la historia de amor que se muestra, alejada de toda etiqueta y basada en la amistad, el apoyo y los cuidados, es lo mejor de la novela. Para la autora, las mujeres hace tiempo que han roto las barreras entre el amor, la amistad y lo erótico, pero para los hombres, debido a su educación, esto resulta más complicado.

En cuanto a su última novela, Al paraíso, la enfermedad vuelve a ser un elemento central, que cobra aún más relevancia en un mundo que ha comprobado de primera mano las consecuencias del crecimiento de las ciudades, las macrogranjas y la resistencia a los antibióticos.

La novela se divide en tres partes en las que se van repitiendo personajes, pero en diferentes momentos, contextos y experiencias vitales, aunque el escenario siempre es el mismo: Washington Square.

La primera parte se desarrolla en 1890, en una Nueva York ficticia que ha basado su independencia de otros estados en la libertad sexual. En este contexto, se acepta por igual el matrimonio con personas del mismo sexo o distinto, sin embargo, sigue habiendo prostitución, se compran bebés y hay desigualdades sociales, lo que nos alerta de que la liberación sexual no asegura la igualdad si no se lucha contra otros ejes de opresión como son el clasismo o el racismo.

Si en ese Nueva York ficticio la enfermedad se encuentra presente, pero en segundo plano, en la segunda parte cobra más importancia al mostrarnos cómo viven los protagonistas una epidemia que va matando a todos sus amigos, en una referencia clara al SIDA, aunque no se nombre en ningún momento.

Si no podemos vivir siendo nosotros mismos, entonces ¿cómo vamos a ser libres?

Al paraíso, Hanya Yanagihara (Lumen)

Por último, en el futuro distópico del final, toda la sociedad de Nueva York ha sido reorganizada para sobrevivir a las pandemias que amenazan a la especie humana. Sin embargo, en esa lucha por la supervivencia se ha aprovechado para quitar derechos a las personas y hacer retroceder los avances sociales.

Pero si la enfermedad es un elemento importante, aún lo es más el amor que, al igual que ocurría en Tan poca vida, se convierte en algo siempre presente, que redime a los personajes, da un sentido a su vida y se convierte en el único medio de alcanzar su versión del paraíso.

 

 

 

Foto: Brigitte Lacombe

Texto: Alicia Medina Zurita

 

BAMBA Editorial.