Emily Dickinson: Perdida en sus ensoñaciones pero encontrada en su pluma, no había nada de puertas a fuera que para ella valiera más que su onírica imaginación. Es difícil no caer bajo su embrujo, no hay nada más fascinante que alguien que renuncia a la sociedad en pro de sí misma. Que no necesita la afirmación de nadie para crear y creer. Porque Emily Dickinson vivía, y no de una forma resignada, se la puede acusar de excéntrica o excesiva, pero no de “sometida”. Eligió amar la soledad, escogió su compañía como la más valiosa.
Mejor desencontrarnos –
Tú ahí — Yo — aquí
con la puerta abierta
que el Océano es — y la plegaria
y ese Blanco Sustento —
la Desesperación.
Su Carta al mundo es un poema escrito alrededor de 1862. Como muchos de los poemas de Dickinson, es compacto y enigmático. En un sentido amplio, el poema trata sobre el aislamiento y la comunicación: el orador expresa una profunda frustración por no poder comunicarse con el “Mundo”. Algunos lectores han tomado el poema como una reflexión sobre el propio aislamiento de Dickinson de la sociedad, ya que el poeta pasó gran parte de su vida adulta como un recluso. Sin embargo, el poema documenta la forma en que la poesía intenta traducir los misterios más amplios de la naturaleza al lenguaje y comunicarlos a otras personas.
Esta es mi carta al mundo,
Que nunca me escribió,-
Las simples noticias que la naturaleza me anunció,
Con tierna majestad.Su mensaje encargado
A unas manos que no puedo ver;
Por amor a ella, dulces compatriotas,
Júzguenme con ternura.
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