Un testimonio sobre Elena Garro.

Elena Garro libros

 

 

 Hay un estrépito

y la tierra me sale por los ojos.

Mi lengua sepultada entre escombros

no dirá ya

cómo sucedió la catástrofe.

 «Mi cabeza cuarteada», Elena Garro

 

 

¿Quién eras tú? De la que decían que era como un tallo de una flor muerta inclinado siempre hacia abajo, hacia el dolor de los débiles, de los pobres y marginados. ¿Quién eras tú? Que te casaste medio engañada, que te sacaron de tu mundo, que era el teatro, que te pasearon como un vestido por los desfiles de la intelectualidad de medio mundo. ¿Quién? De la que todo el mundo parecía tener algo que decir, «burguesa», «histérica», la acusada, exiliada, la marginada arrinconada, una santa y una bruja envuelta en pieles. La que cerca de la muerte dijo que «no era feliz ni desdichada, que era neutra», con los ojos gigantes de una niña, heridos de nostalgia, ya pobre en Cuernavaca. (Casi podía verte solo en tus ojos, esos dos grandes planetas donde estabas tú de niña, en la casa de tus padres, en Iguala, y en París con «el amor loco de tu vida», imaginando al hijo que nunca tuviste). Querida Elena, tú que escribiste una de las novelas más importantes de la literatura, que fuiste fundamental por importancia y fundamento, tú, tulipán amarillo, ¿quién eras?

«Escribir es un acto de libertad»

El 2 de octubre de 1968, Elena Garro se convirtió en «enemiga» de México. Acusada por unos y otros bajo el telón de fondo de las revueltas estudiantiles, la escritora tuvo que salir de su país, amenazada por un Gobierno que la acusaba de comunista e instigadora de aquellas revueltas tildadas de subversivas, y por el movimiento intelectual que la señalaba, a su vez, al haber sido acusada de desvelar los nombres de algunos intelectuales que habían alentado el movimiento y que conspiraban contra el Gobierno —aun habiendo desmentido ella todas estas acusaciones—. Este resumen es escueto y poco profundo, falto de detalles, incapaz de trasladar todos los matices que subyacen a esta historia, pero es útil para reflejar cómo varias estructuras de poder, de un lado y de otro, quisieron quitarse de en medio a una mujer —una escritora consagrada y comprometida, que ya había publicado cuentos, teatro y Los recuerdos del porvenir— que resultaba incómoda. Una cabeza de turco. Un chivo expiatorio a la que en su entorno no dudaron en dejar de lado, después de su divorcio con Octavio Paz y su activismo político. Nos recuerda a una historia mil veces contada. Para Elena Garro, «escribir [era] un acto de libertad privada», y a lo largo de su carrera como escritora no había dudado en hacer de sus obras, además de artefactos literarios bellísimos, una crítica profunda a las estructuras de poder que asfixiaban a los más desfavorecidos, y a esos engranajes políticos y sociales de los que participaban los intelectuales, artistas y diplomáticos de su época. Es decir: Elena Garro no tuvo reparos en señalar la hipocresía de su mundo, y, como el tallo de las flores muertas, la vejez, y la gravedad, en ir siempre hacia abajo para defender a los pobres, a los indígenas y a aquellos que pertenecían a lo marginal. Escritura como cuchillo, exhalación, reyerta. Escritura donde poner la voz y el cuerpo para los otros.

Elena Garro

«Cambiar la memoria para destruir una imagen es tarea más ardua que destruir a una persona»

La vida de Elena Garro nos devuelve en el reflejo una cantidad de incógnitas insondables, en mayor parte generadas por testimonios que parecen reconstruirla (o mejor: deconstruirla) con el ánimo de desfigurarla, de repintarla como un personaje: el de la mujer histérica e histriónica, una chalada que, como le dijo Rafael Alberti —y ella recogió en sus Memorias de España 1937—, «solo decía barbaridades». Pero el verdadero material, el auténtico testimonio que nos queda de Elena Garro son sus palabras. Y sus palabras, al alcance de cualquier lectora, se alejan de las «barbaridades»: son claras, lúcidas, precisas. Su primera novela (¡primera!), la mencionada Los recuerdos del porvenir (1963) es considerada una de las novelas más importantes en lengua española del siglo xx, importancia ahora por suerte revisitada gracias a una recientísima edición anotada de la Editorial Cátedra (Ed. Ángel Esteban y Yannelys Aparicio, 2024). Después de publicar esta obra maravillosa, con la que Garro ganó el prestigioso premio Xavier Villaurrutia, Elena escribió dos novelas más en esas mismas fechas: Testimonios sobre Mariana y Reencuentro de personajes. Pero a la publicación de Los recuerdos le siguieron casi veinte años de silencio editorial causado por aquel fatídico 2 de octubre que la sacó de su país y la llevó junto a su hija Helena Paz por un periplo angustioso a través de Nueva York, España, y París, en el que madre e hija sufrieron grandes apuros económicos antes de su regreso definitivo a México en 1993, donde Elena Garro murió cinco años después.

Elena Garro y Octavio Paz en Las Ramblas de Barcelona

«La pareja Mariana-Augusto, que nunca fue pareja»

No sería hasta 1981 que aquella Testimonios sobre Mariana viera la luz. Se publicó en Grijalbo y llegó con premio, a pesar de que en su país natal, trece años después de su exilio, la escritora todavía seguía —y sigue— levantando pasiones. Testimonios es, quizá, una de sus obras con más sentido de ser en esta ligadura de vida y obra, pues Elena Garro traza en esta novela-espejo un retrato brutal y honesto sobre cómo se puede borrar la imagen de una persona, incluso su memoria, a base de cuentos y mentiras y testimonios, como una forma de ejercer el poder contra las mujeres y su palabra. En la novela, todo el mundo tiene algo que decir sobre Mariana a excepción de la propia Mariana, que solo tiene voz a través de los otros.

Garro escribió, a través de este alter ego, sobre su matrimonio con Octavio Paz durante su estancia en París entre los años cuarenta y cincuenta, sobre la opresión inhumana que ejerció contra ella como mujer y escritora. Al profundizar en el material biográfico de la mexicana es fácil trazar paralelismos con los personajes: vemos retratado a un Bioy Casares que llega a la Argentina con un zapato en la maleta, a un Octavio Paz que la incita a tener amantes pero después trata de separarla de ellos, el que la amenaza: «la ley es la verdad». En boca del personaje de Gabrielle, al que Elena se refería como «la que ve las cosas como son», escribe: «La mano que borró la imagen de Mariana guardada en la memoria de sus amigos (…) fue la mano de Au­gusto, su marido, que implacable revolvió el agua, desfiguró su rostro, su figura, hasta volverla grotesca y distorsionada. Al final, cuando las aguas se aquietaron, de Mariana no quedó ¡nada! Cambiar la memoria para destruir una imagen es tarea más ardua que destruir a una persona. Temo que no descubriré nunca el secreto de la pareja Mariana-Augusto, que nunca fue pareja». En esta novela, con un lenguaje onírico, fantástico, que desdibuja el tiempo y lo que separa el recuerdo de la realidad, Garro denuncia, sin saberlo, una lacra que después se volverá, de nuevo, contra ella. La imagen de una mujer removida en un estanque enmohecido de la que no queda nada, solo palabras ajenas, recuerdos de unos y de otros, rumores, habladurías, señalamientos, hostilidad. Pero ¿y quién escucha SU propio testimonio? En una carta a Emmanuel Carballo, Garro escribe: «En la novela, Augusto dice que Mariana lo persigue (…) Lo dice para cubrirse delante de su grupo. Tú dices que persigo a Paz. Seguramente te lo dijo él. ¿Podrías decirme cómo lo persigo? ¿Escribiendo? La novela no es un pleito privado, es ¡una novela!».

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Tras más de cuarenta años inédita en España, esta evocadora Testimonios sobre Mariana, una de las novelas más personales de Garro, llega por fin a las librerías españolas un significativo 2 de octubre. Lo hace bajo el sino de Bamba Editorial, como un acto literario pero también de reparación: un gesto que corporaliza la voz de la escritora, como siempre hizo Elena Garro con los que no podían defenderse. Que abre la puerta a las lectoras para escuchar, por una vez, su propio testimonio. Una novela cuya denuncia nos invita a combatir el borrado y, como escribió Garro en el poema que abre este texto, a sacar la lengua de las escritoras de los escombros, quitar la tierra de sus ojos, dar agua a sus gargantas asfixiadas por todas las manos que las pusieron allí. Que puedan contar, por fin, cómo sucedió la catástrofe.

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Lucía Navarro Plá
Editora, trabaja en la editorial Barlin y colabora en Bamba Editorial.